miércoles, 24 de junio de 2009

Tanta 'tele' engorda

Los niños pasan tres años de su etapa escolar ante pantallas de todo tipo - Llega la sociedad obesogénica: las comodidades que nos facilitan la vida se han vuelto nuestro mayor enemigo

Cuando un niño de un país desarrollado termina su escolarización ha estado sentado frente a una pantalla una media de tres años; de hecho, ésta es la actividad a la que más tiempo habrá dedicado por detrás del sueño (más que al colegio, teniendo en cuenta las vacaciones). Durante esos años, le habrán bombardeado con unos 10.000 anuncios de comida hipercalórica, con altas dosis de azúcares y grasas; todo un caldo de cultivo para el sobrepeso. No comer de forma equilibrada, no hacer ejercicio o que a sus padres también les sobren kilos son el resto de factores decisivos para que acabe siendo un obeso.

El aumento, durante los últimos años, del consumo de otros dispositivos electrónicos no se ha compensado con la bajada del tiempo frente a la televisión, de alrededor de 10 minutos en los últimos 15 años (en 1995 era de 160). Evidentemente 10 minutos es mucho menos de lo que los niños emplean para conectarse a Internet, jugar a las videoconsolas y manejar el teléfono móvil. El consumo de televisión está en dos horas y media y el saldo final para los niños y adolescentes españoles es de muchos más minutos sentado frente a una pantalla. El 40% de los menores, además, prefiere Internet a la televisión y, casi la mitad, los videojuegos a la pequeña pantalla (según un estudio de la Universidad de Navarra en 2006 con niños de varios centros escolares).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva años advirtiendo de que la obesidad es una pandemia que tendrá graves consecuencias si no se frena pero, pese a ello, vivimos en un ambiente que cada vez más fomenta el sedentarismo y la mala alimentación, promocionada especialmente desde los medios. Las pantallas y la comida basura se convierten en un círculo vicioso para los niños. Según un estudio publicado en 2006 en la revista estadounidense Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine, se asociaba cada hora de televisión con la ingesta adicional de 167 calorías. El estudio destaca la influencia de la televisión en el desequilibrio del balance energético y sus implicaciones en crecimiento del porcentaje de niños y jóvenes obesos en EE UU.

España aún no está a la altura de EE UU, pero las últimas cifras indican que nos acercamos a Reino Unido, uno de los peor parados de Europa en este sentido, con aproximadamente un tercio de sus niños con problemas de sobrepeso y obesidad. En España, el 30% de los menores de 14 años están por encima de su peso, asegura Ricardo García, jefe del servicio de endocrinología infantil del madrileño hospital La Paz, quien además afirma que, dentro de este 30%, crece la proporción de obesos frente al de niños con sobrepeso. Según la última encuesta realizada por el INE (con datos de 2006), padecía sobrepeso el 27,6% de los niños, un 11,5% más que en la anterior encuesta de 2003.

En España, la prevalencia de la obesidad ha crecido de forma exponencial en los últimos años y los médicos creen que el problema no se percibe con la gravedad que debería. Tampoco hay nada que parezca indicar un cambio de tendencia: "El problema va a peor, no hay más que mirar el estilo de vida: coche para todo, nadie usa las escaleras, los niños no van a clase andando...". Esto es lo que preocupa a Felipe Casanueva, director del Centro de Investigación Biomédica en Red sobre la fisiopatología de la obesidad y nutrición (CIBERobn), organismo dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación y del Instituto de Salud Carlos III, dedicado a investigar de forma multidisciplinar todos los aspectos de la problemática.

"Un estudio de EE UU concluyó que los niños están una media de 6,5 horas al día enganchados a un aparato electrónico, es una barbaridad", explica vehemente Casanueva. El estudio ALSPAC, realizado en la Universidad de Bristol (RU) a través del seguimiento a más de 14.000 niños desde la gestación, estableció que el riesgo relativo de padecer obesidad en los niños que veían la televisión de 4,1 a 8 horas a la semana era un tercio menor que el de los que la veían más de ocho horas. "Los padres suelen premiar a sus hijos con una televisión para su habitación, un error fatal", critica el director del CIBERobn. El ambiente no facilita las alternativas a la electrónica, que los médicos creen deberían promover los padres. El 60% de las casas españolas tienen ya más de una televisión y el porcentaje de niños que tienen móvil a los 10 años ya está en torno al 70%.

La expansión de los juegos electrónicos ha coincidido con la falta de tiempo y el aumento de los alimentos precocinados y la comida rápida. Las sociedades "obesogénicas" (abundancia de comodidades, mayor acceso a alimentos energéticos y vida sedentaria) están fomentando este crecimiento. La psicóloga experta en trastornos alimentarios, Julia Vidal, también alerta de las complicaciones que muchas veces la sociedad impone a la práctica de ejercicio, "a veces parece que el único deporte asequible es el que se hace con la Wii Fit". No es desdeñable la creciente afición a este tipo de consolas donde el usuario se ejercita mientras juega. Las ventas de Wii crecieron un 58% en 2008 respecto al año anterior.

"Las comodidades producto del desarrollo de las sociedades se han convertido en nuestros enemigos", afirma Gema Frühbeck, directora de la Sociedad Europea de Endocrinología. "Ahora toca aprovechar sus ventajas para adaptarlas a un modo de vida saludable". Frühbeck acaba de copresentar un libro (junto al doctor Gareth Williams, de la Universidad de Bristol), Obesidad: ciencia para practicar, en el que hacen hincapié en la relación directa con las horas de pantallas y en general del sedentarismo. Los niños obesos pasan, según estudios europeos a los que alude Gema Frühbeck, entre seis y 10 horas al día viendo la televisión, mientras que los demás pasan entre dos y cuatro horas. Es la pescadilla que se muerde la cola. Los problemas de relaciones que puede provocar el estar gordo, se unen a que, mientras están frente a aparatos electrónicos, también comen, normalmente comida basura.

La obesidad infantil dista mucho, como se apuntaba, de estar bien identificada por la población y aún queda un largo camino a la concienciación. Aunque Ricardo García asegura que están creciendo tanto los casos de obesidad como las consultas al endocrino, opina que "deberían haber aumentado más, ya que muchas veces no se acude cuando existe sobrepeso, y una vez alcanzada la obesidad es una enfermedad crónica muy difícil de curar". El papel de los padres es, por tanto, fundamental. En la obesidad se cumple el de tal palo, tal astilla. Una de las mayores probabilidades que puede conducir a un niño es, precisamente, que sus padres lo sean (¡Mira el niño, está gordito como su padre...!). Casanueva resalta la importancia de una buena actitud: "Los progenitores desconocen la dimensión del problema y sus actitudes negativas se reflejan en los hijos", explica el investigador, que ahonda en varios de los errores más comunes: "El hecho de comer viendo la televisión es malísimo, está demostrado que se come más porque se produce una desconcentración que inhibe la sensación de saciedad". Otro ejemplo es el tipo de comida, "los padres permiten a los niños caprichos alimenticios que están provocando un estilo de alimentación alejado del tradicional de España, sin frutas, verduras o pescados y con mucha grasa".

La pésima combinación entre comida grasienta, pantallas electrónicas y escasez de deporte tiene los resultados señalados con el agravante de que son crónicos. Más del 80% de los niños o adolescentes obesos siguen siéndolo de por vida. Esto implica una tendencia en aumento hacia una sociedad obesa. El aumento es vertiginoso y Ruiz afirma que "algunos médicos apuntan que la esperanza de vida de los niños nacidos en la década de los 2000 será más baja que la de los de décadas anteriores". Estamos, pues, ante un problema de gran envergadura para la salud pública, pero también para los sistemas económicos.

El impacto de la obesidad tiene un coste sanitario muy elevado. Las estimaciones son muy complicadas por la cantidad de patologías derivadas. No obstante, el estudio Delphy (1999) estimó (para España) en el 7% del presupuesto sanitario lo dedicado a las consecuencias directas e indirectas de la obesidad. En 2002, la RAND Corporation (una institución norteamericana sin ánimo de lucro) valoró que el coste de la obesidad era mayor al derivado del tabaquismo o el alcoholismo en EE UU.

La tendencia de los expertos (a la luz de las estadísticas) es muy pesimista. Para Casanueva, pasa únicamente por una completa estrategia política en todos los ámbitos. "Los políticos tienen que percibir la gravedad del problema; en España, a diferencia de otros países, la obesidad no aparece en los programas políticos". El director del CIBERobn habla de regulaciones, como la de prohibir la venta de bebidas y alimentos hipercalóricos en los colegios e institutos, introducir información sobre nutrición y riesgos en los programas educativos u obligar a los restaurantes a publicar las calorías que llevan sus menús. "Es necesaria una mayor concienciación que sólo se consigue por esta vía", señala el especialista. "Debería haber un movimiento de las autoridades para promover ciudades sanas, ahora está claro que no es una prioridad".

Los estudios indican que las políticas pueden ser muy útiles para combatir el sobrepeso. En un reciente informe aparecido en febrero en la revista Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine sobre un conjunto de niños en Holanda y Australia, determinaba que la eliminación total de publicidad de comida basura supondría una caída en los porcentajes de obesidad infantil de en torno a un 2,5%. En las conclusiones del informe se afirma que la limitación de este tipo de anuncios contribuiría en gran medida al gran esfuerzo necesario para mejorar las dietas infantiles.

El reto es tratar de combatir la epidemia, "con unas perspectivas poco halagüeñas trataremos de dar pasos a nivel global", explica Casanueva, "como los de algunos países escandinavos, que han conseguido estabilizar la prevalencia gracias a medidas como la prohibición de vender productos hipercalóricos en los colegios, prohibir anuncios de ese tipo en horario infantil o incluir programas de educación nutricional en los colegios". Las propuestas políticas concretas, no obstante, deberán llegar tras los recursos: "De momento tenemos que conseguir que los Gobiernos se conciencien y se inviertan las cantidades necesarias", concluye.

A pesar de todo, y más tratándose de menores, no hay que dejar de lado la prudencia. Los adolescentes son un grupo muy vulnerable y es necesario acotar bien las situaciones para evitar que se pase de un extremo a otro, como la anorexia o la bulimia. "No debe transmitírseles la idea de una sociedad de gordos y flacos, donde la importancia de la imagen es excesiva", dice Gaitán. "Los padres y los educadores tienen que sentarse con los niños y enseñarles a comer. Tienen que explicarles a partir de dónde empieza el sobrepeso y prevenir que se obsesionen", afirma Ruiz.

Frühbeck habla también de la "estigmatización de la persona obesa, hay que evitar mensajes de persecución hacia los niños que padecen esta enfermedad, transmitirles apoyo, de forma gradual, no tiránica"; la presidenta de la Sociedad Europea para el Estudio de la Obesidad afirma que la única solución es la educación y las políticas de concienciación. "Los niños necesitan aprender los hábitos alimenticios en el colegio, si no no vamos a conseguir nada".- Dieta saludable. El Ministerio de Sanidad y Política Social tiene implantada la estrategia NAOS, bajo el lema ¡come sano y muévete! establece una serie de alimentos que deben ser la base de la dieta: las frutas, verduras y hortalizas, cereales, productos lácteos, pan y aceite de oliva deben consumirse a diario. También el arroz y la pasta pueden alternarse. Tanto las proteínas como las grasas y los azúcares deben comerse con moderación. Hay que aprovechar la base de la que es la dieta tradicional española, los productos mediterráneos.

- Ejercicio físico. Existen muchas posibilidades para mantenerse en forma. Caminar al colegio o subir las escaleras constituyen ya maneras de evitar caer en una vida sedentaria.

- Eliminar horas frente a las pantallas. Los diferentes estudios demuestran la correspondencia que existe entre las horas que los niños pasan con la televisión, el ordenador o las videoconsolas y su sobrepeso. Es necesario moderarlas y ofrecer alternativas para que se ocupe el tiempo de ocio.

- Equilibrio. Debe tenerse en cuenta que hay que llevar un equilibrio entre la cantidad de energía que se ingiere y lo que se quema mediante la actividad diaria.


Fuente: El País.com
Autor: Cristina Castro Carbón

+ Leer más...

viernes, 12 de junio de 2009

El tabaco causará 6 millones de muertes en 2010 según el nuevo ATLAS del TABACO

La Sociedad Americana del Cáncer y la Fundación Mundial del Pulmón han publicado una nueva edición de El Atlas del Tabaco. Este abarcativo volumen de investigación y el sitio que lo acompaña gráficamente muestran el modo en que el tabaco está devastando las economías y la salud global.

De acuerdo con el Atlas del Tabaco, el consumo de tabaco, estimado en $500 mil millones en la economía mundial, excede la totalidad de los gastos combinados en salud en todos los países de ingresos bajos y medios. Los costos económicos surgen como resultado de la pérdida de la productividad, el uso inadecuado de los recursos, los impuestos no efectivos y la muerte prematura:

- Dado que el 25% de los fumadores muere y muchos fumadores más se enferman durante sus años de mayor productividad, la pérdida en los ingresos devasta a familias y comunidades.

- Los cigarrillos representan el producto de consumo legal de mayor contrabando en el mundo. En 2006, cerca de 600 mil millones de cigarrillos de contrabando ingresaron en el mercado, lo que representó la pérdida de una enorme oportunidad impositiva para los gobiernos, así como la pérdida de la oportunidad de prevenir que mucha gente comience a fumar y de alentar a otros a que dejen de hacerlo.

- El tabaco reemplaza la producción potencial de alimentos en casi cuatro millones de hectáreas (menos de diez millones de acres) de la tierra apta para la agricultura en el mundo, equivalente a la totalidad de los cultivos de naranja o las plantaciones de bananas en todo el mundo.

- En los países en vías de desarrollo, los fumadores gastan grandes sumas de dinero en proporción a sus ingresos que, de lo contrario, podrían destinarse a alimentos, atención médica u otras necesidades.

El Atlas del Tabaco cristaliza una tendencia innegable: la industria del tabaco ha revertido los esfuerzos de venta y comercialización para que los países cuenten con políticas de salud pública menos efectivas y menor cantidad de recursos en su lugar:

- En 2010, seis millones de personas morirán a causa del tabaco por año. El 72% de ellas provendrán de países de ingresos bajos y medios.

- Desde 1960, la producción global de tabaco ha aumentado un 300% en los países de bajos y medios recursos, mientras que se redujo en más del 50% en los países de mayores recursos.

- En la India y en China en conjunto, más de quinientos millones de hombres consumen tabaco.

- Únicamente en Bangladés, si se compraran los alimentos para el hogar consumidos en promedio con el dinero que se gasta normalmente en tabaco, más de diez millones de personas no sufrirían de desnutrición y se podría salvar a 350 niños menores de cinco años cada día.

La nueva versión en línea de la publicación habilita a quienes confeccionan las políticas, a quienes se dedican a la salud pública, a los defensores y periodistas a interactuar con los datos y crear tablas, gráficos y mapas que puedan personalizarse ( Descargue su versión gratis )*

En uno de sus apartados, la investigación señala: “El tabaco es un factor cancerígeno adictivo que mata directamente a la mitad de sus consumidores, así como a los que fuman de forma pasiva. Todas las formas de tabaco son adictivas y letales”. John R. Seffrin, ejecutivo de la Sociedad Americana del Cáncer, explica en el prólogo: “El Atlas puede ayudar a cada nación a obtener los conocimientos necesarios para combatir este flagelo en sus comunidades y en todo el mundo, porque pueden utilizar la información para desarrollar estrategias de salud pública. De esta manera vamos a salvar millones de vidas”.

El informe contiene un mapa detallado con los porcentajes de fumadores en cada país, explicaciones minuciosas sobre los tipos de tabaco, su historia, los riesgos para la salud, y las últimas investigaciones sobre el tema.

RESPIRAR HUMO AJENO. Expertos en tabacología explicaron que en la Argentina mueren 6.000 personas por año a causa del humo de cigarrillo ajeno y coincidieron en que “se salvarían más de 100 mil vidas por año si todo el continente fuera 100% libre de humo”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) consideran que ser fumador pasivo “es una causa de enfermedad y muerte probada”. Tres informes publicados en los últimos años por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer determinaron que algunas de las consecuencias de respirar humo ajeno son:

- El aumento de dos a cinco veces el riesgo de muerte súbita del lactante, que se produce en niños menores de un año.

- El aumento de un 40% en el riesgo de padecer asma. En niños que ya padecen esta enfermedad aumenta la frecuencia de las crisis.

- Los episodios de catarro se incrementan en un 70%, al igual que los episodios de infecciones respiratorias como la neumonía, y de otitis.

- Existe un 30% más de riesgo de adquirir cualquier tipo de enfermedad cardiovascular.

- Aumenta en un 25% el riesgo de padecer cáncer de pulmón.
- La persona es más proclive a desarrollar asma y aumenta la frecuencia de crisis asmáticas.

- El riesgo de contraer cáncer de mama se incrementa en hasta 70%, particularmente cuando la exposición se da en mujeres jóvenes.**


*Fuente: TabaccoFreeCenter.org
**Fuente: CriticaDigital.com

+ Leer más...

miércoles, 27 de mayo de 2009

Surmenage o Síndrome de la fatiga crónica: cuando más no es mejor

Cómo evitar un colapso intelectual. Estudiar obsesivamente puede tener consecuencias negativas. La autoexigencia y los miedos de la sociedad actual, un cóctel peligroso. Recomendaciones.

Ocho horas diarias de clases en la facultad, más cuatro de estudio, y ocho más de trabajo en dos empresas diferentes, le dejaban a Federico un mínimo margen de tiempo para descansar por día. Todo esto sumado a la presión por haber obtenido una beca de estudio y otra de alojamiento que lo obligaba a mantener un alto promedio generaron en él un cóctel peligroso para su salud mental que terminó diagnosticado como surmenage, un colapso intelectual.

Hoy conocido como "Síndrome de la fatiga crónica", cuadro semejante al famoso burnout, este mal se produce en aquellos que, dominados por una sobrecarga de exigencia laborales e intelectuales, alcanzan un estado de extenuación emocional. En general, las personas que terminan con un cuadro de este tipo están sometidas a problemas emocionales y se sienten obligados a no fallar.

“El surmenage es una forma antigua de llamar a los cuadros de estrés. Son en general crónicos y producen extenuación emocional, un desasosiego de la meta que se ha fijado y una baja de rendimiento”, explica la psiquiatra Elsa Wolfberg, de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

“Se da por sobrecarga, por querer absorber en poco tiempo más de lo que es posible en lugar de graduar y asimilar paulatinamente un cúmulo de conocimiento”, agrega la especialista. Aclara que no todo aquel que se someta a un tiempo extenso de estudio es susceptible de sufrir las consecuencias del surmenage.

Otro factor que en muchas ocasiones resulta central para el desarrollo de este síndrome es la presión social. “La sociedad empuja a esto”, añade la psiquiatra. El temor a perder el trabajo, la competencia, la necesidad de poder alcanzar un futuro laboral próspero puede producir situaciones de este tipo. “El dopaje es la demostración de que hay una exigencia que va por arriba de lo que el sujeto puede rendir”, ejemplifica Wolfberg al hacer referencia a los medicamentos que los jóvenes suelen tomar a la hora de estudiar – por ejemplo, exceso de aspirinas-.

Consecuencias. Federico vivía a base de mate, la ansiedad no le permitía comer y terminó con cosquilleos en brazos y piernas, fuertes dolores de cabeza y dolencias musculares. En ocasiones también padeció alucinaciones.

“El correlato del surmenage es la fatiga, la contractura, el dolor de cabeza y la taquicardia”, comenta Wolfberg en diálogo con Perfil.com. Además, “por la extenuación emocional termina habiendo una defensa espontánea que consiste en querer alejarse y, por lo tanto, la baja del rendimiento y la insatisfacción”. Así, la sobre exigencia termina siendo en vano.

Cómo evadir el surmenage. Para evitar llegar a una situación límite de estrés es necesario tomar conciencia de los riesgos que se corren y poder dar cuenta del nivel de sobrecarga al que la persona se somete una persona. “Regular la cuota de trabajo intelectual, graduarla, repartirla de una manera razonable. Revisar los ideales, que no sean muy tiránicos, y buscar momentos para despejarse”, son algunos de los consejos que ofrece Wolfberg. Además, es importante dedicar tiempo en medio del estudio para tomarse un recreo, distenderse y pensar en otra cosa.

Es fundamental también estar alerta y mantener el contacto con el propio cuerpo. “Generalmente uno esta tan absorbido por la meta que no advierte que va teniendo repercusión en el organismo por el exceso de actividad intelectual”, asegura la psiquiatra. La actividad física es siempre una buena opción para despejar la mente.

Fuente: Perfil.com
Autor: Silvina Fiszer Adler, redactora de Perfil.com

+ Leer más...

miércoles, 13 de mayo de 2009

El cerdo nos devuelve el regalo

El H1N1 y el H3N2 se los transfirieron los humanos a los gorrinos - Estos animales los conservan, sin inmutarse, listos para causar la epidemia
Los principales virus de la gripe porcina son H1N1 y H3N2, y los dos son regalos nuestros. El H1N1 se lo transferimos a los cerdos durante la primera gran pandemia del siglo XX, la gripe española de 1918. Y el H3N2 se lo pasamos en la tercera, la gripe de Hong Kong de 1968. Ambos son también hoy las dos grandes categorías de gripe estacional humana. El último informe sobre virus circulantes de influenza A en la población humana, publicado por los CDC de Atlanta (centros norteamericanos para el control de infecciones), determinó en EE UU un 90% de H1N1 y un 10% de H3N2. Y esos dos son los serotipos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda para la vacuna convencional de la temporada 2009/2010. La razón es la misma que en el caso de los cerdos: las pandemias del siglo XX.

El virus de la gripe española era un H1N1. Fue un virus aviar hasta 1918, pero ese año saltó la barrera de las especies con tal ímpetu -infectó a la mitad de la población mundial y mató a 40 millones de personas- que pasada la furia se convirtió en la principal cepa de gripe humana estacional durante décadas.

La reconstrucción de un virus de la gripe española infectivo por Terrence Tumpey, de los CDC de Atlanta, y Adolfo García-Sastre, del Mount Sinai de Nueva York, acaba de permitir demostrar que el virus de 1918 es mortal en todos los mamíferos en que se ha probado -ratones, hurones, macacos- excepto en uno: el cerdo. Esto "refuerza la idea de que el virus se introdujo en la población de cerdos durante la gripe española de 1918, y que dio lugar a las cepas clásicas de H1N1 porcino", señalan los investigadores.

En 1979, un nuevo virus aviar H1N1 contagió a la población de cerdos del norte de Europa y se convirtió en la cepa dominante en las piaras del continente. El mismo subtipo se aisló después en pacientes europeos de gripe.

Las poblaciones de cerdos no sólo suelen tener virus "porcinos", sino también aviares, como el europeo de 1979. Guang-Zhi Tong y sus colegas del Instituto Veterinario de Shanghai acaban de mostrar que también es muy común que porten virus de la gripe humana. Tong ha secuenciado virus aislados de cerdos en las provincias de Guangdong y Henan. Ambos son H1N1. El de Guangdong desciende directamente de la gripe estacional humana de 2000, y el de Henan, de la típica de los primeros años ochenta. "Los virus H1N1 permanecen invariantes durante décadas en el cerdo", afirma Tong. "Los cerdos son reservorios de viejos virus humanos, listos para nuevas pandemias".

Si los cerdos se coinfectan con cepas humanas y aviares pueden servir como una coctelera para la creación de nuevos virus reordenados. Estas mezclas no sólo ocurren en Asia. Se han comprobado repetidamente en Europa y Estados Unidos. En 1998 surgió un virus H3N2 tripartito (humano / aviar / porcino) que desde entonces se ha propagado con éxito entre la cabaña porcina norteamericana. Tiene un derivado de segunda generación, creado por coinfección y reordenamiento con el virus porcino clásico H1N1. El resultado es un virus H1N1 tripartito (humano / aviar / porcino).

El H1N1 del brote mexicano tiene piezas genéticas no ya de tres, sino de cuatro virus donantes: uno humano, uno aviar norteamericano, uno porcino norteamericano y otro porcino euroasiático, una situación calificada de "inusual" por la contraalmirante Anne Schuchat, subdirectora de salud pública de los CDC. "De dónde rayos sacó todos esos genes, no lo sé", comenta en la revista Nature el virólogo Robert Webster, del Hospital Infantil St. Jude de Memphis, Tennessee, y consultor de la OMS, "pero es un verdadero super-barullo de virus". "Se ha andado mezclando por todas partes y su genética es muy complicada", añade otro virólogo, John McCauley, del Medical Research Council británico.

El hecho de que los casos fuera de México hayan sido leves por el momento no tranquiliza a los principales expertos. Tashiro Masato, virólogo del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas en Tokio y consultor de la OMS, recordaba ayer que incluso una mortalidad baja puede resultar fatal si la propagación es alta, como ocurrió en 1918. "Lo terrible es que este virus parece enormemente transmisible", dice Webster. En Nueva York, por ejemplo, hay 28 casos asociados a una sola escuela.

La mortalidad del virus de la gripe aviar H5N1, en los escasos saltos a humanos que se han dado en los últimos seis años, es de las más altas conocidas: del 61% (257 muertos de 421 infectados). El SARS manifestó un 17% (299 muertos de 1.755 infectados) en el brote de Hong Kong de 2003. La mortalidad de la gripe española no pasó del 2,5%, pero mató a 40 millones debido a su altísima propagación.

Las condiciones, sin embargo, son incomparables. El mundo estaba en guerra en 1918, con tropas moviéndose por todas partes, en barcos hacinados, o incubando el virus en hospitales de campaña, sin los actuales fármacos antivirales, ni los sistemas de atención ni de vigilancia epidemiológica.

El virus porcino había saltado a los humanos de vez en cuando. En Europa se han notificado 17 casos desde 1958, algunos en España. Los CDC registraban una persona infectada por virus porcino cada dos años hasta 2006, cuando el ritmo subió por alguna razón a cuatro infecciones anuales. Pero el caso más notable hasta ahora había sido el brote de 1976 en Fort Dix, Nueva Jersey, con 200 infecciones, 12 hospitalizaciones, 4 neumonías y un muerto.

La transmisión asintomática por contacto con los cerdos es probablemente mucho más común. En 1988 murió en EE UU una mujer embarazada de 32 años por un virus porcino H1N1. Al saber que había visitado una feria porcina cuatro días antes, los epidemiólogos tomaron muestras de los participantes y encontraron que el 76% tenía anticuerpos contra el virus porcino, aunque ninguna enfermedad grave. La paciente transmitió el virus a un enfermero, también sin consecuencias.

Fuente: El País.com
Autor: Javier Sampedro, Madrid

+ Leer más...

lunes, 27 de abril de 2009

Influenza o gripe porcina... Influenza H1N1

¿Qué es la influenza porcina?
La influenza porcina (gripe porcina) es una enfermedad respiratoria de los cerdos causada por el virus de la influenza tipo A, el cual provoca brotes comunes de influenza entre estos animales. Los virus de la influenza porcina enferman gravemente a los cerdos pero las tasas de mortalidad son bajas. Estos virus pueden propagarse entre los cerdos durante todo el año, pero la mayoría de los brotes infecciosos ocurren en los meses finales del otoño e invierno, al igual que los brotes en las personas. El virus de la influenza porcina clásico (virus de la influenza H1N1 tipo A) fue aislado por primera vez de un cerdo en 1930.

¿Cuántos virus de la influenza porcina hay?
Al igual que todos los virus de la influenza, los virus de la influenza porcina cambian de manera constante. Los cerdos pueden estar infectados por los virus de la influenza aviar y humana, así como también por los virus de la influenza porcina. Cuando los virus de la influenza de otras especies infectan a los cerdos, los virus pueden reagruparse (es decir cambiar sus genes) y pueden surgir nuevos virus de la mezcla de los virus de la gripe porcina con los de la gripe humana o aviar. A través de los años, han surgido diferentes variaciones de los virus de la influenza porcina. En la actualidad, hay cuatro subtipos principales del virus de la influenza tipo A aislados de cerdos: H1N1, H1N2, H3N2 y H3N1. Sin embargo, la mayoría de los virus de la influenza aislados recientemente de cerdos han sido los virus H1N1.

Influenza porcina en seres humanos

¿Los seres humanos pueden contagiarse de influenza porcina?
Los virus de la influenza porcina por lo general no infectan a los seres humanos. Sin embargo, han ocurrido casos esporádicos de infecciones de influenza porcina en seres humanos. Por lo general, estos casos se presentan en personas que tienen exposición directa a los cerdos (es decir, niños que se acercan a los cerdos en ferias o trabajadores de la industria porcina). Además, ha habido algunos casos documentados de personas que han contagiado el virus de la influenza porcina a otras. Por ejemplo, en 1988, un presunto brote infeccioso de influenza porcina en cerdos en Wisconsin causó múltiples infecciones en seres humanos y, aunque no ocurrió un brote en la comunidad, se identificaron anticuerpos que comprobaron la transmisión del virus de un paciente a personal de atención médica que habían tenido contacto cercano con él.

¿Con qué frecuencia se registran infecciones de influenza porcina en seres humanos?
En el pasado, los CDC recibían notificaciones de aproximadamente un caso de infección por el virus de la influenza porcina en seres humanos cada uno o dos años en los Estados Unidos; sin embargo, de diciembre del 2005 a febrero del 2009 se han reportado 12 casos de infecciones por influenza porcina en personas.

¿Cuáles son los síntomas de la influenza porcina en los seres humanos?
Los síntomas de la influenza porcina en las personas son similares a los de la influenza estacional común en seres humanos y entre estos se incluyen fiebre, letargo, falta de apetito y tos. Algunas personas con influenza porcina han reportado también secreciones nasales, dolor de garganta, náuseas, vómitos y diarrea.

¿Las personas pueden contraer influenza porcina por comer carne de cerdo?
No. Los virus de la influenza porcina no se transmiten por los alimentos. Usted no puede contraer influenza porcina por comer carne de cerdo o sus productos derivados. No hay riesgos si se come carne de cerdo y sus derivados que han sido manipulados y cocinados de manera adecuada. Si se cocina la carne de cerdo a una temperatura interna de aproximadamente 71° C (160° F), se eliminan los virus de la influenza porcina, como también otras bacterias y virus.

¿Cómo se propaga la influenza porcina?
Los virus de la influenza se pueden transmitir directamente de los cerdos a las personas y de las personas a los cerdos. Las infecciones en seres humanos por los virus de la influenza provenientes de los cerdos tienen más probabilidad de ocurrir en las personas que están en contacto cercano con cerdos infectados, como las que trabajan en criaderos de cerdos y las que participan en las casetas de cerdos en las ferias de exhibiciones de animales de cría. La transmisión de la influenza porcina de persona a persona también puede ocurrir. Se cree que esta transmisión es igual a la de la influenza estacional en las personas, es decir principalmente de persona a persona cuando las personas infectadas por el virus de la influenza tosen o estornudan. Las personas pueden infectarse al tocar algo que tenga el virus de la influenza y luego llevarse las manos a la boca o la nariz.
¿Qué información tenemos sobre la transmisión de la influenza porcina de persona a persona?
En septiembre de 1988, una mujer embarazada sana de 32 años de edad fue hospitalizada por pulmonía y falleció 8 días después. El virus de la influenza porcina H1N1 fue detectado. Cuatro días antes de enfermarse, la paciente había visitado una exhibición de cerdos en una feria del condado donde se registraba una enfermedad seudogripal generalizada entre los cerdos.
En estudios de seguimiento, el 76% de los expositores de cerdos a los cuales se les realizaron pruebas presentaron anticuerpos que comprobaron infección por influenza porcina, aunque en este grupo no se detectaron enfermedades graves. Estudios adicionales indicaron que de uno a tres empleados del personal de atención médica que habían tenido contacto con la paciente presentaron enfermedad seudogripal leve y anticuerpos contra la infección de la influenza porcina.

¿Cómo se diagnostican las infecciones por influenza porcina en seres humanos?
Para diagnosticar una infección por influenza porcina tipo A, por lo general se debe recoger una muestra de secreción del aparato respiratorio entre los primeros 4 a 5 días de aparecida la enfermedad (cuando una persona infectada tiene más probabilidad de diseminar el virus). Sin embargo, algunas personas, especialmente los niños, pueden propagar el virus durante 10 días o más. Para la identificación del virus de la influenza porcina tipo A es necesario enviar la muestra a los CDC para que se realicen pruebas de laboratorios.

¿Qué medicamentos existen para tratar a las personas con infecciones por influenza porcina?
Existen cuatro medicamentos antivirales diferentes que están autorizados en los Estados Unidos para el tratamiento de la influenza: amantadina, rimantadina, oseltamivir y zanamivir. Aunque la mayoría de los virus de la influenza porcina han sido sensibles a los cuatro tipos de medicamentos, los siete virus más recientes de la influenza porcina asilados de personas son resistentes a la amantadina y la rimantadina. En la actualidad, los CDC recomiendan el uso de oseltamivir o zanamivir para la prevención y el tratamiento de la infección por los virus de la influenza porcina. Puede encontrar más información sobre las recomendaciones para el tratamiento en el sitio www.cdc.gov/flu/swine/recommendations.htm.

¿Qué otros casos de brotes de influenza porcina hay?
Probablemente el caso más conocido sea el brote de influenza porcina entre los soldados de Fort Dix, Nueva Jersey, en 1976 . Este virus causó pulmonía, demostrada mediante radiografías, a por lo menos 4 soldados y 1 muerte; todos estos pacientes anteriormente gozaban de buena salud. El virus se transmitió a contactos cercanos en un ambiente de entrenamiento básico, y no ocurrió transmisión afuera del grupo de entrenamiento básico. Se cree que el virus permaneció en ese lugar un mes y desapareció. Se desconocen la fuente del virus, la fecha exacta de su ingreso a Fort Dix, los factores que limitaron su transmisión y su duración. El brote de Fort Dix pudo haber sido causado por el ingreso de un virus de un animal a una población humana bajo estrés en contacto cercano con instalaciones saturadas de gente y durante el invierno. El virus de la influenza porcina tipo A recogido de un soldado de Fort Dix fue bautizado A/New Jersey/76 (Hsw1N1).

¿El virus de la influenza porcina H1N1 es igual a los virus H1N1 de la influenza en seres humanos?
No. Los virus de la influenza porcina H1N1 son antigénicamente muy diferentes de los virus H1N1 de los seres humanos, por consiguiente las vacunas de la influenza estacional para las personas no proporcionan protección contra los virus de la influenza porcina H1N1.

Influenza porcina en cerdos

¿Cómo se propaga la influenza porcina entre los cerdos?
Se cree que los virus de la influenza porcina se transmiten principalmente mediante el contacto cercano entre cerdos y posiblemente mediante objetos contaminados que se mueven entre los cerdos infectados y sanos. Las manadas de cerdos con continuas infecciones de influenza porcina y las manadas que son vacunadas contra esta enfermedad pueden enfermarse de manera esporádica, pueden ser asintomáticas o solo presentar síntomas leves de la infección.

¿Cuáles son los signos de la influenza porcina en los cerdos?
Los signos de la influenza porcina puede ser la aparición súbita de fiebre, depresión, tos (gruñido), secreciones de la nariz y los ojos, estornudos, dificultad para respirar, enrojecimiento o inflamación de ojos y pérdida del interés en la comida.

¿Qué tan frecuente es la influenza porcina entre los cerdos?
Los virus de la influenza porcina H1N1 y H3N2 son endémicos entre las poblaciones de cerdos en los Estados Unidos y es una situación que la industria aborda de manera habitual. Los brotes entre los cerdos se presentan por lo general en los meses de temperaturas frías (finales del otoño y el invierno) y a veces con el ingreso de nuevos cerdos a manadas vulnerables. Los estudios han demostrado que la influenza porcina H1N1 es común entre las poblaciones de cerdos de todo el mundo y que un 25 por ciento de los animales presentan evidencia de anticuerpos de la infección. Los estudios en los Estados Unidos han demostrado que el 30 por ciento de la población de los cerdos sometidos a pruebas han presentado evidencia de anticuerpos por la infección H1N1. Para ser más precisos, se ha comprobado la presencia de los anticuerpos de la infección H1N1 en el 51 por ciento de los cerdos en el norte de la región central de los Estados Unidos. Las infecciones en las personas por los virus H1N1 de la influenza porcina son poco comunes. En la actualidad, no hay forma de diferenciar en los cerdos los anticuerpos producidos en reacción a la vacunación de los anticuerpos generados ante las infecciones por influenza porcina H1N1.

Aunque los virus de la influenza porcina H1N1 se han encontrado en las poblaciones de cerdos desde por lo menos 1930, los virus de la influenza porcina H3N2 no comenzaron a presentarse entre los cerdos en los Estados Unidos hasta 1998. Los virus H3N2 inicialmente ingresaron a las poblaciones de cerdos por los humanos. Los virus actuales de la influenza porcina H3N2 están estrechamente asociados a los virus H3N2 de los seres humanos.

¿Hay alguna vacuna para la influenza porcina?
Existen vacunas que se administran a los cerdos para la prevención de la influenza porcina. Sin embargo, no hay una vacuna para proteger a las personas contra la influenza porcina. Es posible que la vacuna contra la influenza estacional proporcione protección parcial contra los virus H3N2, pero no contra los virus H1N1 de la influenza porcina.

Fuente: CDC / Centers for Disease Control and Prevention
Actualizado: 9 de mayo de 2009
Fotografia: A/New Jersey/76 (Hsw1N1)

+ Leer más...

domingo, 26 de abril de 2009

La ventaja adventista. Por Larry Beeson

Sea una simple radio o una compleja y enorme pantalla para un televisor estereofónico, una batidora o el último automóvil, todo lo que tú compras viene con un manual del dueño. El fabricante espera que tú leas el manual antes de que empieces a usar tu nueva adquisición. Tú acudirás al manual tan frecuentemente como sea necesario a fin de comprender el mecanismo y el funcionamiento del producto y para asegurarte de que sirva mejor y dure más tiempo.

Si eso es así con una batidora o un automóvil, ¿cuánto más deberíamos cuidar de nuestro cuerpo, quizá el sistema más complejo que jamás hayamos conocido?

La Biblia nos informa que "Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente" (Génesis 2:7). El Creador también nos ha dado su manual para el debido cuidado y tratamiento de nuestro cuerpo. Este manual es la Biblia y se nos anima a leerla para una mejor comprensión del cuidado del cuerpo. Pablo dice: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo...? Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo" (1 Corintios 6:19-20). En adición a otros significados que este pasaje pueda encerrar, uno relevante para nuestro estudio es la cuestión de qué habremos de comer y de beber.

La epidemiología de los adventistas

Durante las últimas décadas, diversas organizaciones relacionadas con la salud dentro y fuera de los Estados Unidos (por ejemplo, los Institutos Nacionales de Salud, la Sociedad Americana de Cáncer, la Asociación Americana del Corazón, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, la Organización Mundial de la Salud, etc.) han provisto evidencias epidemiológicas en cuanto a qué características del estilo de vida promueven la salud y frenan el proceso de la enfermedad. Parte de esa evidencia proviene de investigaciones de salud sobre los adventistas del séptimo día. Dichas investigaciones se han concentrado en los adventistas por dos razones. Primero, ellos tienden a ser más homogéneos en muchas de sus elecciones relacionadas con el estilo de vida, tales como el evitar el alcohol y el tabaco. Segundo, los adventistas son más heterogéneos en sus hábitos nutricionales: varían desde vegetarianos estrictos (dieta sin productos animales) hasta lacto-ovovegetarianos (dieta que incluye productos lácteos y huevos, pero no carne) y omnívoros (consumidores de todo, incluso carne). Se han publicado más de 250 artículos alrededor del mundo sobre las ventajas de salud de los adventistas. La mayor parte de lo que se describe a continuación se refiere a investigaciones conducidas por investigadores de la Universidad de Loma Linda sobre los adventistas en California. Pero se han informado hallazgos similares respecto a los adventistas en Noruega, Holanda, Polonia, Dinamarca, Japón, Australia y otros países.

El Estudio de Mortalidad Adventista (EMA)

El primer estudio epidemiológico importante de adventistas comenzó en 1958. Se lo conoce como el Estudio de Mortalidad Adventista (EMA) e implicó a 22.940 adventistas blancos no hispanos en California.1 Los hallazgos de este estudio sobre adventistas fue comparado con un estudio similar de no adventistas conducido por la Sociedad Americana de Cáncer durante el mismo período. Ambos estudios utilizaron a personas voluntarias en California que eran relativamente bien educadas en comparación con el californiano promedio. Ambos estudios obtuvieron copias de certificados de defunción de participantes en el estudio que habían muerto durante los años consecutivamente subsiguientes. Las similitudes entre los grupos eran importantes porque se había encontrado que los individuos que se prestan como voluntarios para tales estudios tienden a ser más sanos que la población en general, y aquellos que se encuentran en las clases económicas superiores por lo general tienden a tener índices inferiores de enfermedad. De esta manera, el Estudio de Mortalidad Adventista y el estudio de la Sociedad Americana de Cáncer proveyeron una comparación razonablemente imparcial entre adventistas y no adventistas.

La comparación reveló lo siguiente: Si la mortalidad por cáncer en el Estudio de la Sociedad Americana de Cáncer era de 100, la mortalidad para los adventistas era de 60 para los hombres y de 76 para las mujeres. Esto significa que después de hacer los ajustes por diferencias en distribuciones de edad en los dos estudios, los hombres adventistas tenían un índice de muerte por cáncer significativamente más bajo para un grupo de edad dada en comparación de lo que podría esperarse para un grupo comparable. Esto significa que los hombres adventistas todavía morían de cáncer, pero a una edad mucho más avanzada que los hombres no adventistas. Lo mismo puede decirse de las mujeres adventistas. Puesto que no hay una razón a priori para creer que los adventistas de California son genéticamente diferentes de los no adventistas, la hipótesis es que una o más de las características del estilo de vida o de las influencias ambientales pueden ser responsables del retraso en la muerte por cáncer.

Puesto que se ha demostrado que el hábito de fumar es un factor principal para causar el cáncer, los investigadores del EMA compararon los índices de mortalidad de los no fumadores de ambas poblaciones. Como podría esperarse, los índices de mortalidad de estos no adventistas se aproximaban más a los de los adventistas. Sin embargo, en términos generales persistía una ventaja para los adventistas, la que ahora no podía atribuirse a las diferencias en el uso de tabaco en el pasado. De esta manera, otras características de los adventistas, aparte de su condición de no fumadores, tales como la dieta y quizás el apoyo social, son también claramente importantes en la reducción del riesgo de enfermedad.

Los adventistas también parecían tener un retraso en muertes por problemas cardiovasculares. Si el índice de muerte por enfermedades cardíacas coronarias en el estudio de la Sociedad Americana de Cáncer es considerado como el 100 por ciento, los hombres adventistas tenían sólo 66 por ciento de lo que se esperaba. Las mujeres adventistas mostraban solamente una pequeña reducción, con 98 por ciento. Los hombres adventistas también morían de apoplejía (embolia cerebral) pero su índice de muerte era de sólo 72 por ciento en comparación de sus contrapartes no adventistas. Para las mujeres adventistas, su índice de muerte por embolia era 82 por ciento de lo que ocurría entre las no adventistas.

De este modo, de acuerdo con estos estudios, se evidencia con claridad que el estilo de vida adventista provee cierta protección contra el cáncer y otras enfermedades fatales. Pero las diferencias en los índices de mortalidad entre los adventistas y los otros pueden deberse por lo menos a dos escenarios: (1) Los adventistas pueden contraer una enfermedad particular en la misma proporción que los otros, pero alcanzan a sobrevivir más tiempo con la enfermedad a causa de un mejor acceso a atención médica o a un sistema inmune mejorado o a un mejor estilo de vida; y/o (2) los adventistas en realidad contraen la enfermedad en un porcentaje de incidencia más bajo que los no adventistas. Podría ser que estas dos posibilidades contribuyeran a los índices de mortalidad inferiores observados entre los adventistas. Pero los estudios de mortalidad como el EMA no pudieron resolver este asunto. El Estudio de Mortalidad Adventista suscitó una serie de preguntas interesantes. ¿Qué hay en su estilo de vida que capacita a los adventistas para vivir más? ¿Las diferencias en el estilo de vida adventista producirían en sí mismas diferentes riesgos para contraer enfermedades específicas, tanto fatales como no fatales?

El Estudio de Salud Adventista (ESA)

El ESA es otro estudio importante de adventistas de California, fundado por el Instituto Nacional de Cáncer y el Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y Sangre. Comenzó en 1974 y fue conducido por investigadores de la Universidad de Loma Linda. El estudio incorporó la incidencia (esto es, nuevos casos) de cáncer y enfermedades del corazón en la investigación siempre extensible sobre las características del estilo de vida adventista que capacitaba a los adventistas para tener una "ventaja de salud". Similarmente al estudio de EMA, se obtuvieron certificados de defunción para documentar la causa subyacente de muerte de los miembros que murieron durante el estudio. Se usaron registros de los hospitales para todos los casos no fatales. El índice de respuesta de los sujetos blancos no hispanos al cuestionario sobre estilo de vida enviado por correo fue el más alto de cualquier grupo étnico y totalizó 34.198 respuestas. Este grupo se convirtió en la porción de "estudio de incidencia" del ESA2 en esos nuevos casos (incidencia) de cáncer fatal o no fatal y de infarto del miocardio diagnosticados después que se verificó que se había completado la parte básica del cuestionario sobre el estilo de vida.

El ESA y el EMA tenían algunas diferencias básicas. Una de ellas consistía en que el ESA fue diseñado para descubrir qué componentes del estilo de vida adventista ofrecen protección contra la enfermedad. No ha sido un objetivo principal del ESA comparar los índices de incidencia de enfermedad o de mortalidad entre adventistas y no adventistas, sino que el ESA fue primariamente diseñado para observar variaciones en el estilo de vida entre los mismos adventistas y ver cómo esas variaciones se reflejaron en cambios en el riesgo de enfermedad.

El ESA también añadió una investigación más detallada de la dieta en comparación con el cuestionario de la Sociedad Americana del Cáncer de 1960 usado por el EMA. Más aún, el cuestionario del ESA incluía preguntas sobre la historia médica previa, terapia de drogas, actividad física y una variedad de preguntas psicosociales. Cuando se completó el acopio de la información de seguimiento, fueron auto-informadas 32.000 hospitalizaciones (debidas a diversas causas), representando a más de 18.000 diferentes participantes. De los hospitales involucrados, 698 eran de California y 960 eran de fuera de dicho estado. Estos hospitales fueron contactados en un seguimiento de seis años de todos aquellos que completaron la información básica del cuestionario sobre el estilo de vida.

Un perfil básico de la población del ESA mostró una edad promedio de 51 años para los hombres y 53 para las mujeres. La proporción de sujetos que habían sido diagnosticados por un médico como hipertensos era cercana a lo que podía esperarse de una población adulta. Aunque un modesto número de sujetos admitieron haber fumado en el pasado —generalmente antes de unirse a la Iglesia Adventista—, virtualmente en la actualidad no había fumadores en la población. Una proporción relativamente grande informó que hacía ejercicio con una frecuencia por lo menos moderada. La población del estudio, formada de un 60 por ciento de mujeres, tendía a tener buena educación. Un poco más de la mitad de los participantes del ESA dijeron que comían carne menos de una vez por semana, pero la mayoría de ellos eran lacto-ovovegetarianos.

Influencia del estilo de vida

¿Qué revelaron estos estudios en cuanto a la influencia del estilo de vida sobre la reducción de incidencias de enfermedad y sobre la mortalidad?

Cáncer del pulmón. El factor de riesgo mayor para el cáncer del pulmón es por lejos la exposición crónica al humo del tabaco, tanto por fumar activamente como en forma pasiva ("fumar de segunda mano"). Se ha comprobado que el trabajar o vivir con un fumador aumenta las posibilidades de desarrollar cáncer en el tracto respiratorio. El ESA demostró3 que los individuos podían ulteriormente reducir sus posibilidades de desarrollar cáncer del pulmón no sólo al minimizar su exposición al humo del tabaco, sino también incorporando en su dieta una variedad de frutas, muchas de las cuales contienen componentes (por ejemplo, vitaminas antioxidantes) que se cree que habilitan al cuerpo para rechazar el cáncer. Los adventistas que consumían fruta dos veces por día o más tenían sólo 25 por ciento de probabilidad de desarrollar cáncer de pulmón en comparación con los individuos que consumían fruta menos de tres veces por semana, hecho que se observó en adventistas que previamente habían dejado de fumar como también en adventistas que nunca habían fumado. 10

Cáncer de la próstata. De acuerdo con un cálculo,4 29 por ciento de todos los nuevos cánceres que fueron diagnosticados entre los varones de los Estados Unidos en 1998 tuvieron que ver con la glándula de la próstata, y la incidencia de esta enfermedad ha estado aumentando durante las últimas décadas. Se han observado fuertes relaciones protectoras5 en los hombres adventistas que consumían cantidades moderadas de legumbres (tales como frijoles o porotos, lentejas, arvejas), fruta cítrica fresca, fruta seca (por ejemplo, pasas de uva y dátiles) y tomates.
Cáncer del seno. A mediados de la década de 1980, el cáncer del pulmón sobrepasó al cáncer del seno como el cáncer más comúnmente diagnosticado en las mujeres de los Estados Unidos.6 Sin embargo, en poblaciones de no fumadores, como es el caso de los adventistas, el cáncer del seno todavía es el cáncer recién diagnosticado que está a la cabeza. Los factores de riesgo conocidos para el cáncer del seno incluyen: creciente exposición a hormonas de estrógeno y/o progesterona, monarquía temprana, menopausia tardía y obesidad en mujeres que están en el período postmenopáusico. Los factores que pueden proteger contra el desarrollo del cáncer del seno incluyen: exposición reducida a las hormonas de estrógeno y/o progesterona, embarazo temprano de primer término, lactancia y actividad física. En el ESA, las mujeres que practicaron ejercicio vigorosamente tuvieron una reducción del 21 por ciento en el riesgo de por vida de cáncer del seno y un retraso de 6,6 años, como promedio, de la edad en la cual se diagnostica este cáncer en comparación de las mujeres que practican ejercicio infrecuentemente.7 La inactividad física tuvo su efecto más importante sobre la edad de diagnosis más bien que sobre el riesgo de por vida. El efecto protector de la actividad física sobre el riesgo de cáncer del seno puede ser particularmente pronunciado en edades tempranas, en tanto que los beneficios del ejercicio no se vieron claramente en mujeres postmenopáusicas.

Cáncer de la vejiga. El hábito de fumar es un gran factor de riesgo para contraer cáncer de la vejiga. Los adventistas que habían fumado antes de unirse a la iglesia tenían un riesgo más de dos veces mayor de sufrir cáncer de la vejiga que aquellos que nunca habían fumado. Las investigaciones mostraron que las personas que tienen un alto índice de consumo de productos animales tienen un riesgo mayor de contraer cáncer de la vejiga. Aproximadamente 50 por ciento de los participantes en el ESA eran lacto-ovovegetarianos. Los adventistas que evitaban la carne vacuna, de aves y de pescado tuvieron menos de la mitad de riesgo de contraer cáncer de la vejiga, en comparación con aquellos que consumían estos alimentos tres veces por semana o más.8

Cáncer del páncreas. El ESA observó que un mayor consumo de legumbres, frutas secas y productos con proteínas vegetarianas (tales como la soja, el gluten y productos basados en nueces) se asociaba con una relación protectora altamente significativa respecto al riesgo de tener cáncer del páncreas.9
Otros cánceres. El ESA ha investigado otros cánceres (cáncer del colon,10 tumores del cerebro y meninges craneales,11 y leucemia y mieloma12) y ha observado que los que siguen el "estilo de vida adventista" con más fidelidad son los que también tienen una posibilidad más reducida de adquirir cualquiera de las enfermedades crónicas investigadas.

Enfermedad del corazón. El ESA no sólo investigó la relación entre una variedad de prácticas del estilo de vida y la incidencia de cánceres y cánceres fatales, sino que también estudió los factores que se relacionan con las enfermedades del corazón. Un hallazgo fascinante del ESA que ha sido repetido por investigadores en otras poblaciones fue que el consumo frecuente de frutas oleaginosas (nueces, almendras, avellanas, etc.) cinco veces por semana o más (aproximadamente un puñado cada vez), se asociaba con una cantidad sustancial de menos eventos definidamente fatales de enfermedades coronarias del corazón y definidos infartos del miocardio no fatales (ataques del corazón), en comparación con aquellos que consumían oleaginosas menos de una vez por semana.13 Pero puesto que las oleaginosas son generalmente muy altas en grasa, el consumirlas en grandes cantidades puede no ser tan beneficioso.

Los adventistas que comían principalmente pan integral experimentaron una reducción del 40 por ciento en el riesgo de tener un ataque al corazón, en comparación con los que comían mayormente pan blanco. También hubo un riesgo más del doble mayor de sufrir un ataque al corazón entre los hombres que consumían carne de res (de vaca) por lo menos tres veces por semana, en comparación con los vegetarianos. Los adventistas que practicaban ejercicio regularmente 15 minutos o más por lo menos tres veces por semana, redujeron significativamente el riesgo de morir de un ataque al corazón.

Pirámide nutricional vegetariana

Basadas en la evidencia epidemiológica internacional de las últimas décadas, que incluye los resultados de estudios sobre los adventistas, diversas organizaciones del mundo entero relacionadas con la salud han abogado por un estilo de vida dietético que busca reducir el riesgo de cáncer, enfermedades del corazón y otras enfermedades crónicas. La pirámide de la guía nutricional (ver figura adjunta) ilustra la contribución relativa de estos diferentes elementos alimenticios. En la base de la pirámide se encuentran los panes integrales y los cereales. Luego están las frutas y los vegetales. Muchas personas no comen suficientemente de estos alimentos que tienen muchos elementos protectores como las vitaminas. El siguiente nivel de la pirámide nos da los alimentos que proveen proteínas y minerales. Necesitamos menos porciones de estos alimentos. Finalmente, en la cúspide de la pirámide están los dulces, las grasas y los aceites, de los cuales necesitamos muy poco.

Si estas recomendaciones son en realidad útiles para reducir las enfermedades crónicas, entonces parece lógico que debiéramos observar una reducción de estas enfermedades en una población que ha estado siguiendo estos principios por más de 100 años. Y esto es exactamente lo que encontramos en los estudios que se han hecho de los adventistas.

Es tu turno

Hace más de cien años Elena White, cofundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, hizo la siguiente observación: "La salud es un tesoro. De todas las posesiones temporales es la más preciosa. La riqueza, el saber y el honor se adquieren a un precio elevado, cuando se obtienen a costa de la pérdida del vigor de la salud. Pero ninguna de estas cosas puede asegurar la felicidad, si la salud llega a faltar".14 La prevención de la enfermedad tiene mucho más sentido que su tratamiento. No permitas que tu Biblia se cubra de polvo. Lee el "manual del dueño" que está en tus manos y descubre lo que el Diseñador Maestro ha planeado para ti.


Fuente: Diálogo Adventista
Autor: Larry Beeson (doctorado en Salud Pública, Loma Linda University) enseña epidemiología y bioestadística en la Escuela de Salud Pública y en la Escuela de Medicina de la Universidad de Loma Linda. Ha formado parte del equipo de investigación del Estudio de Salud Adventista desde su comienzo.

+ Leer más...

lunes, 13 de abril de 2009

La religiosidad de los pacientes condiciona el tratamiento del cáncer

Los enfermos religiosos eligen más las técnicas de prolongación artificial de la vida, a pesar del sufrimiento

Un estudio realizado por científicos del Dana-Farber Cancer Institute de Estados Unidos con 345 enfermos de cáncer en fase terminal, ha revelado que existe una relación entre la religiosidad de los pacientes y una cantidad mayor de cuidados destinados a prolongar artificialmente su vida, a pesar de que dichos cuidados vayan en detrimento de la calidad de ésta. Aunque aún se desconoce el por qué de esta tendencia, los científicos creen que los enfermos creyentes esperan hasta el último momento que se produzca un milagro. O también que su valoración por la vida es mayor que la consideración del daño que les pueden hacer estos tratamientos agresivos. De cualquier manera, estos investigadores señalan la importancia del conocimiento de las características religiosas de los pacientes para ayudarlos en el proceso de su enfermedad, y no sólo en la fase terminal.

Investigadores del Dana-Farber Cancer Institute de Boston, en Estados Unidos, han realizado una investigación con 345 enfermos de cáncer en estado terminal, cuyos resultados apuntan a la existencia de una relación entre la religiosidad y el uso de tratamientos agresivos en los momentos cercanos a la muerte.

Según explica dicho Instituto en un comunicado, las personas que se apoyan en la religión para afrontar su enfermedad tienden más a recibir cuidados médicos intensivos, destinados a prolongar sus vidas en los últimos momentos, a pesar de que estos cuidados a menudo rebajan su propia calidad de vida.

Una investigación anterior había demostrado que cuanto más religioso es un paciente más tiende a preferir tratamientos agresivos para la prolongación de su vida, pero este nuevo estudio ha constatado que esta preferencia se traduce en una aplicación real de dichos tratamientos en el caso de los enfermos terminales de cáncer.

Última semana de vida

Según los científicos, estos resultados sugieren que los médicos son propicios a atender los deseos de los pacientes religiosos a este respecto.

Una de las autoras del estudio, la doctora Holly Prigerson, señaló que ya se había demostrado que “la religión y la espiritualidad son fuentes de consuelo y apoyo para los pacientes que afrontan enfermedades graves en estado avanzado”. Los nuevos resultados obtenidos apuntan, además, a que “los pacientes que se vuelcan en la religión en momentos de crisis son más propicios a recibir cuidados agresivos antes de morir”.

Los enfermos analizados permanecían ingresados en siete hospitales y centros especializados en tratamiento del cáncer de diversas partes de Estados Unidos. Los participantes fueron entrevistados acerca de los recursos que utilizaban para afrontar su enfermedad, y también sobre sus preferencias acerca de cuidados avanzados y tratamientos de prolongación de la vida.

Posteriormente, los investigadores hicieron un seguimiento de los cuidados recibidos por estos pacientes durante la última semana de sus vidas.

El análisis de todos estos datos demostró que los pacientes que afrontaban la enfermedad desde una perspectiva religiosa, fueron tres veces más propicios a recibir cuidados médicos para prolongar la vida, como la respiración asistida o la resucitación cardiopulmonar, en los últimos momentos. Esta tendencia se mantuvo incluso después de considerar otros factores condicionantes, como la edad o la etnia de los enfermos.

Dios como guía

Por otro lado, los pacientes más religiosos fueron menos propicios a definir su voluntad (por ejemplo, firmando una orden de no-resucitación) con respecto a la gestión de sus últimos días de vida, es decir, que no contribuyeron a poner los límites de las intervenciones médicas por adelantado.

El director de la investigación, el doctor Andrea Phelps, de la Harvard Medical School, afirmó que “más allá del significado de la fe religiosa a la hora de afrontar el desafío emocional de un cáncer incurable, es importante reconocer cómo los factores religiosos, ante situaciones extremadamente difíciles, condicionan a los pacientes. En momentos de crisis, en lugar de buscar consejo en sus médicos, estas personas a menudo miran a Dios como guía”.

El estudio no exploró las razones de la preferencia por los tratamientos agresivos para la prolongación de la vida en el caso de los enfermos más religiosos, pero los investigadores pretenden realizar nuevos estudios para buscarlas.

Para ellos, resulta importante conocer toda esta información, porque creen que una mayor comprensión del origen de las decisiones médicas de los enfermos les ayudará a definir los cuidados a aplicar, considerando y comprendiendo la opinión de los pacientes. Todas estas reflexiones aparecen publicadas por extenso en The Journal of the American Medical Association (JAMA).

Historia espiritual

Hace dos años, el Dana-Farber Cancer Institute publicó los resultados de otro estudio que relacionaba la religiosidad y la enfermedad del cáncer.

En aquella ocasión, Prigerson y sus colaboradores analizaron a 230 pacientes de cáncer que ya habían superado su enfermedad, descubriendo que éstos sentían que habían recibido un escaso o directamente nulo apoyo espiritual de las comunidades religiosas y del sistema médico, mientras pasaban por tan duro trance.

Por el contrario, aquellas personas que en la misma situación se habían sentido espiritualmente acompañadas informaron de una mejor calidad de vida que el resto de los encuestados.

Los resultados de esta investigación, que fueron publicados en la revista especializada Journal of Clinical Oncology, apuntarían según los investigadores a la necesidad de hacer una “historia espiritual” (una descripción de la religiosidad del paciente) como parte rutinaria de la atención a los enfermos.

Fue en este primer estudio en el que se descubrió una tendencia a recurrir a métodos agresivos de prolongación de la vida en los pacientes más religiosos. Los autores sugirieron entonces que esta tendencia podría deberse a que “los individuos religiosos creen que su enfermedad está en manos de Dios, y siempre esperan una intervención milagrosa por su parte. Por otro lado, el valor que este tipo de personas da a la vida sobrepasa el daño potencial que pueden ocasionarles los intentos por mantenerla”.


Fuente: Tendencias21.com
Autor: Yaiza Martínez, es una poeta y narradora de España, licenciada en Filología hispánica. Es redactora jefe de la Revista de Ciencia y Humanidades Tendencias21.

+ Leer más...
PETA en Espanol