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lunes, 4 de julio de 2011

Estados Unidos: Estudio revela que los afroamericanos adventistas desafían las disparidades de salud

La calidad de vida física y mental supera al de la población general Las publicaciones médicas han documentado bien las disparidades que existen entre los afroamericanos y el resto de los Estados Unidos. Pero un estudio muestra que los afroamericanos adventistas poseen en realidad una mejor calidad de vida que el estadounidense promedio.

Los investigadores señalan que ciertas conductas relacionadas con el estilo de vida podrían explicar esta diferencia. La investigación fue llevada a cabo en la Universidad de Loma Linda como parte del Estudio de Religión y Salud Adventista (ARHS), una investigación de casi once mil adventistas, entre los cuales hay 3400 afroamericanos.

Los hallazgos fueron extraídos de la encuesta ARHS que incluyó preguntas de la escala de Salud Física y Mental SF-12v2, ampliamente reconocida entre los investigadores como una medida fidedigna de la calidad de vida. Entre las preguntas formuladas figuran las siguientes:

-"Durante las últimas cuatro semanas, ¿cuánto interfirió el dolor con sus labores normales?"

-"Durante las últimas cuatro semanas, ¿cuánto tiempo se ha sentido desanimado o deprimido?"

Se compararon entonces los resultados del ARHS con una muestra nacional de personas que completaron la encuesta SF-12v2. En general, los afroamericanos adventistas informaron gozar de una calidad de vida física y mental por encima del promedio nacional y, en algunos casos, la diferencia alcanzó los 4,5 puntos.

"Es asombroso que si bien los afroamericanos en general presentan una calidad de vida más pobre en diversas variables, nuestros resultados muestran que los afroamericanos adventistas disfrutan de una calidad de vida significativamente menor que el estadounidense promedio", dijo el Dr. Jerry Lee, investigador principal del ARHS.

"Esta diferencia se hace más pronunciada en los grupos de mayor edad, que muestran mayor salud mental (menos depresión, más energía, más calma y paz) que la población general", dijo Lee. "Esto podría ser el resultado de elecciones de estilo de vida que son parte de la fe adventista".

Los adventistas, que defienden la temperancia, el régimen alimentario vegetariano y la dedicación del día sábado para la adoración y el tiempo en familia, han recibido una gran cobertura los últimos años por su longevidad y calidad de vida.

Loma Linda, California, una ciudad con gran concentración de adventistas, fue la única población de los Estados Unidos descrita en el libro The Blue Zones (Las zonas azules), de Dan Buettner. El libro examinó cinco zonas del mundo donde la media de vida excede claramente los promedios. Algunos habitantes de Loma Linda han aparecido en programas de la televisión nacional, incluido un cirujano cardíaco que sigue activo a los 94 años (entrevistado en el Show de Ophra), y una maestra de piano de 97 años (entrevistada por Anderson Cooper 360, de CNN).

ARHS es su subestudio del Estudio de Salud Adventista-2 (AHS-2), un estudio de salud a largo plazo de más de 96 000 adventistas, incluidos 26 000 afroamericanos adventistas de los Estados Unidos y Canadá.

A medida que continúa el análisis de los datos, los investigadores dicen que esperan más resultados que puedan tener implicaciones de largo alcance para mejorar la salud de la comunidad afroamericana.

El AHS-2 está es administrado y procesado por investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Loma Linda.


► Vea el estudio (pdf) en ingles, "Quality of Life: Black Seventh-day Adventists".
► Si desea más información, visite www.adventisthealthstudy.org




Fuente: ANN / Adventist News Network



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viernes, 17 de junio de 2011

Cómo manejar el estrés según la Biblia. Por Julián Melgosa

El estrés, también conocido como la reacción de “ataque o huida”, es la reacción del organismo ante demandas intensas o alarmas. Pero las alarmas no siempre llegan en la forma de amenazas físicas. A veces llegan como estímulos psicológicos, el recuerdo de eventos desagradables, sensaciones intensas de impotencia, sentido de culpa o los gritos de un bebé. Para la mayoría, el estrés está conectado con condiciones hostiles del trabajo, una conciencia culpable, problemas en las relaciones, finanzas limitadas y otras situaciones parecidas.

Cuando las personas perciben una situación alarmante, se activan una serie de mecanismos fisiológicos (neurales y hormonales) en el cuerpo. Los cambios más notorios incluyen la producción adicional de glucosa, aceleración de la frecuencia de la respiración y los latidos del corazón, tensión muscular, resequedad en la boca, entorpecimiento del proceso digestivo y la constricción de los vasos sanguíneos. Todos estos cambios en los procesos corporales aumentan la energía disponible para atacar el estímulo estresante o huir de él. Nuestro sistema de respuesta al estrés fue diseñado por nuestro Creador para ayudar a sus criaturas a sobrevivir ante el peligro.

El estrés moderado es bueno, porque la energía que produce nos permite terminar a tiempo los proyectos, correr para alcanzar el autobús o enfrentar la limpieza de la casa. Pero cuando la alarma se torna constante, pronto deja de producir resultados positivos, y puede causar enfermedades como la úlcera gástrica, el colon irritable, la hipertensión arterial, laarterosclerosis, el angina de pecho o el infarto de miocardio. Incluso puede afectar nuestro sistema inmunológico.

El poder de la oración

Quienes han experimentado una relación de fe con Jesús saben que la oración y la comunión con él ayudan a manejar el estrés de la vida con bastante éxito. De hecho, la oración parece mejorar nuestras defensas corporales. Un análisis de más de cincuenta investigaciones llevó a las siguientes conclusiones:

1. La meditación religiosa y la oración causan una actividad bidireccional entre el cerebro y el sistema circulatorio que baja la presión arterial y disminuye los latidos del corazón y el ritmo de la respiración. Estos cambios son incompatibles con el estrés, la ansiedad y el pánico.

2. La oración y la meditación producen un aumento en la actividad del hemisferio izquierdo del corazón. Este tipo de actividad está asociado con la respuesta inmunológica sana, como es la producción de anticuerpos que nos protegen contra las infecciones.

3. La oración y las prácticas religiosas también afectan el sistema nervioso central. Estimulan el lóbulo frontal del cerebro, lo que regula la actividad del sistema nervioso autónomo, el sistema límbico, el hipotálamo y la amígdala cerebral, y a su vez reduce el estrés.

4. La oración y las prácticas religiosas aumentan el nivel de los neurotransmisores melatonina y serotonina, que son sustancias secretadas por el cuerpo para inducir el relajamiento e inhibir el enojo y la agresión.

5. La afirmación pública de los valores y creencias de un individuo (algo que sucede cada semana en las iglesias) reduce el nivel de cortisol, que es la hormona del estrés. 1

Las estrategias anti estrés de Jesús

Jesús, por medio de sus palabras y ejemplo, nos ofrece consejos prácticos sobre cómo manejar nuestro estrés diario. El primer recurso notable que le permitía enfrentar las enormes presiones que experimentaba al sanar, predicar, alimentar a las multitudes y por ser objeto de persecución de parte de varios grupos, era su cercanía con su Padre. Jesús fortalecía su relación con su Padre por medio de la oración y la meditación. Por ejemplo, Marcos nos dice que “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (S. Marcos 1:35). A veces Jesús invitaba a sus discípulos a unírsele. Más de una vez les dijo: “Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco” (S. Marcos 6:31). Orar en la quietud de la mañana o la noche, puede que sea la única oportunidad que tengamos para ser impresionados por la voz de Dios y recibir la energía y la sabiduría para enfrentar los desafíos que la vida nos trae.

Jesús también encontró alivio en la comunión con las personas. A veces lo encontramos descansando en la casa de Lázaro, Marta y María. Y se aseguraba de que sus discípulos tuvieran alguna recreación. Él sabía que un periodo de descanso y recreación, apartados de la multitud, les daría nuevo vigor. Al pedirles periódicamente que se retiraran a descansar, les estaba enseñando cómo equilibrar el trabajo con el reposo.

También podemos reducir el estrés por medio del trabajo; y no cualquier trabajo, sino el trabajo que produce alivio a los demás. La vida de Jesús fue fundamentalmente desinteresada. Constantemente empleaba sus energías para servir a los demás. En un sermón, Pedro resumió la vida de Jesús con las palabras: “Éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38).

Las personas que se ocupan en trabajos voluntarios, proyectos comunitarios y de asistencia a los demás, sienten mayores niveles de bienestar y satisfacción que los que no lo hacen. Allan Luks y Peggy Payne estudiaron a 3.296 voluntarios en el programa de Big Brothers/Big Sisters en la ciudad de Nueva York y 95 por ciento reportó sensaciones generales de bienestar y un aumento en su estima propia. También declararon que tienden a percibir sus experiencias negativas como asuntos de menor importancia. 2

Si usted está sufriendo de mucho estrés, quizá le convenga poner a un lado los papeles, herramientas, preocupaciones, sea lo que fuere, y reflexionar sobre cómo Jesús manejaba el exceso de trabajo. Y recuerde su promesa: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (S. Mateo 11:28, 29).

Ir a Jesús sigue siendo un extraordinario antídoto contra el estrés. ¿Por qué no lo comprueba hoy mismo?





Fuente: El Centinela
Autor: Julián Melgosa. Decano de la Escuela de Educación y Psicología de la Universidad de Walla Walla, Washington. Tiene un doctorado en Psicología de la Educación y es autor de varios libros sobre la salud mental y espiritual.
Referencias: 1. Ver las páginas 25 al 33 del libro del mismo autor: Mental and Emotional Health [Salud mental y emocional], (Boise, Idaho: Pacific Press, 2010). 2. The Healing Power of Doing Good: The Health and Spiritual Benefits of Helping Others [El poder sanador del buen hacer: Los beneficios físicos y espirituales de ayudar a los demás], (New York: Ballantine, 1992).



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jueves, 26 de agosto de 2010

Cómo influye la religión en los médicos

La fe religiosa de un médico tiene una "fuerte influencia" en las decisiones que toma con sus pacientes terminales, revela una investigación.Los médicos ateos o agnósticos -dice el estudio publicado en Journal of Medical Ethics (Revista de Ética Médica)- tienen más probabilidades de tomar decisiones que aceleren el fin de la vida de un paciente terminal que los médicos profundamente religiosos.

Y es menos probable que éstos últimos discutan con sus pacientes muy graves las opciones de tratamientos paliativos, descubrió la investigación llevada a cabo por la Universidad de Londres.

Los expertos afirman que estos resultados son "preocupantes" y revelan que es necesario poner más atención en cómo las creencias religiosas influyen en el cuidado médico.

Los investigadores llevaron a cabo una encuesta con más de 8.500 médicos en el Reino Unido, de los cuales respondieron unos 4.000.

Aunque los entrevistados practicaban una amplia gama de especialidades, la encuesta se centró en particular en los que estaban involucrados en la toma de decisiones de fin de vida, por ejemplo, en cuidados paliativos y con ancianos.

Se preguntó a los médicos sobre el tratamiento aplicado a su último paciente fallecido, si habían ofrecido una sedación profunda continua -o sedación terminal- hasta la muerte y si habían discutido con su paciente decisiones que, a su juicio, podrían acortar la vida.

También se les preguntó sobre sus creencias religiosas, origen étnico y su opinión sobre eutanasia y muerte asistida.

Aunque en el Reino Unido es ilegal suministrar medicamentos con la intención deliberada de poner fin a la vida de una persona, los médicos pueden administrar morfina y otros fármacos para aliviar el dolor o sufrimiento, pero este procedimiento -llamado sedación profunda terminal- puede tener un efecto para acortar la vida.

El Consejo Médico General (GMC, por sus siglas en inglés) -que regula la profesión en ese país- recomienda que las discusiones con el paciente terminal sobre su cuidado paliativo, que incluye la alimentación por sonda, hidratación y resucitación (los cuales pueden causar sufrimiento innecesario), deben iniciarse lo más temprano posible.

El GMC establece que aunque los médicos deben partir sobre la base de que la vida debe ser prolongada, esto no debe perseguirse a cualquier precio.

Comunicación con el paciente

Los resultados mostraron que los médicos que se calificaron a sí mismos como "muy o extremadamente no religiosos" mostraron 40% más probabilidades de practicar la sedación que los médicos religiosos.

Por otro lado, los que se describieron como "muy o extremadamente religiosos" mostraron menos probabilidades de haber discutido con sus pacientes las decisiones sobre su tratamiento paliativo.

Más de 12% de los médicos encuestados se describieron como "muy o extremadamente religiosos", pero sólo uno de cada cinco se descubrió como "muy o extremadamente no religioso".

Se encontró que los médicos dedicados al cuidado de ancianos tenían más probabilidades de ser hindúes o musulmanes, y los médicos dedicados al cuidado paliativo mostraron más probabilidades de ser cristianos, blancos y de describirse como "religiosos".

Pero en general, los médicos de raza blanca, que representaban el mayor grupo étnico de la encuesta, mostraron menos probabilidades de descubrirse con fuertes creencias religiosas.

Como señala el doctor Clive Seale, quien dirigió el estudio, las actitudes que muestra la encuesta reflejan el apoyo que existe actualmente para la legislación sobre eutanasia y muerte asistida ya que los especialistas dedicados al cuidado paliativo y los que tienen una fuerte fe religiosa se muestran más opuestos a ella.

Los médicos de origen asiático y de raza blanca se muestran menos opuestos a esa legislación que los médicos de otros grupos étnicos.

"Es necesario que haya un mayor reconocimiento sobre la relación entre los valores de los médicos y las decisiones que toman en la clínica" expresa el autor.

Preocupante

El profesor Mayur Lakhani, presidente del Consejo Nacional para el Cuidado Paliativo, afirma que estos resultados son "preocupantes".

"El entrenamiento básico para el cuidado paliativo debe ser obligatorio para asegurarnos de que hay una coherencia en la toma de decisiones, basadas en la mejor práctica y la evidencia actual", dice el experto.

"Las decisiones deben tomarse conjuntamente con las personas que están cerca de la muerte y sus seres cercanos".

Por su parte, la doctora Ann McPherson de la organización Dignity in Dying (Dignidad al Morir) afirma que aunque este estudio demuestra que todavía "hay mucho por hacer" para que los médicos tomen en cuenta los deseos de sus pacientes.

"El hecho de que por sus creencias religiosas algunos médicos no discutan con sus pacientes las posibles opciones para el fin de la vida es profundamente preocupante", señala la experta.

"Aunque tienen derecho de sus propias creencias, los médicos no deberían dejar que estás se interpongan en las decisiones para ofrecer un tratamiento paliativo centrado en el paciente", expresa.


-Ver "The role of doctors' religious faith and ethnicity in taking ethically controversial decisions during end-of-life care" / Journal of Medical Ethics



Fuente: BBC Mundo
Fotografía: Guardian.co.uk / Atheist doctors 'more likely to hasten death'

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lunes, 13 de abril de 2009

La religiosidad de los pacientes condiciona el tratamiento del cáncer

Los enfermos religiosos eligen más las técnicas de prolongación artificial de la vida, a pesar del sufrimiento

Un estudio realizado por científicos del Dana-Farber Cancer Institute de Estados Unidos con 345 enfermos de cáncer en fase terminal, ha revelado que existe una relación entre la religiosidad de los pacientes y una cantidad mayor de cuidados destinados a prolongar artificialmente su vida, a pesar de que dichos cuidados vayan en detrimento de la calidad de ésta. Aunque aún se desconoce el por qué de esta tendencia, los científicos creen que los enfermos creyentes esperan hasta el último momento que se produzca un milagro. O también que su valoración por la vida es mayor que la consideración del daño que les pueden hacer estos tratamientos agresivos. De cualquier manera, estos investigadores señalan la importancia del conocimiento de las características religiosas de los pacientes para ayudarlos en el proceso de su enfermedad, y no sólo en la fase terminal.

Investigadores del Dana-Farber Cancer Institute de Boston, en Estados Unidos, han realizado una investigación con 345 enfermos de cáncer en estado terminal, cuyos resultados apuntan a la existencia de una relación entre la religiosidad y el uso de tratamientos agresivos en los momentos cercanos a la muerte.

Según explica dicho Instituto en un comunicado, las personas que se apoyan en la religión para afrontar su enfermedad tienden más a recibir cuidados médicos intensivos, destinados a prolongar sus vidas en los últimos momentos, a pesar de que estos cuidados a menudo rebajan su propia calidad de vida.

Una investigación anterior había demostrado que cuanto más religioso es un paciente más tiende a preferir tratamientos agresivos para la prolongación de su vida, pero este nuevo estudio ha constatado que esta preferencia se traduce en una aplicación real de dichos tratamientos en el caso de los enfermos terminales de cáncer.

Última semana de vida

Según los científicos, estos resultados sugieren que los médicos son propicios a atender los deseos de los pacientes religiosos a este respecto.

Una de las autoras del estudio, la doctora Holly Prigerson, señaló que ya se había demostrado que “la religión y la espiritualidad son fuentes de consuelo y apoyo para los pacientes que afrontan enfermedades graves en estado avanzado”. Los nuevos resultados obtenidos apuntan, además, a que “los pacientes que se vuelcan en la religión en momentos de crisis son más propicios a recibir cuidados agresivos antes de morir”.

Los enfermos analizados permanecían ingresados en siete hospitales y centros especializados en tratamiento del cáncer de diversas partes de Estados Unidos. Los participantes fueron entrevistados acerca de los recursos que utilizaban para afrontar su enfermedad, y también sobre sus preferencias acerca de cuidados avanzados y tratamientos de prolongación de la vida.

Posteriormente, los investigadores hicieron un seguimiento de los cuidados recibidos por estos pacientes durante la última semana de sus vidas.

El análisis de todos estos datos demostró que los pacientes que afrontaban la enfermedad desde una perspectiva religiosa, fueron tres veces más propicios a recibir cuidados médicos para prolongar la vida, como la respiración asistida o la resucitación cardiopulmonar, en los últimos momentos. Esta tendencia se mantuvo incluso después de considerar otros factores condicionantes, como la edad o la etnia de los enfermos.

Dios como guía

Por otro lado, los pacientes más religiosos fueron menos propicios a definir su voluntad (por ejemplo, firmando una orden de no-resucitación) con respecto a la gestión de sus últimos días de vida, es decir, que no contribuyeron a poner los límites de las intervenciones médicas por adelantado.

El director de la investigación, el doctor Andrea Phelps, de la Harvard Medical School, afirmó que “más allá del significado de la fe religiosa a la hora de afrontar el desafío emocional de un cáncer incurable, es importante reconocer cómo los factores religiosos, ante situaciones extremadamente difíciles, condicionan a los pacientes. En momentos de crisis, en lugar de buscar consejo en sus médicos, estas personas a menudo miran a Dios como guía”.

El estudio no exploró las razones de la preferencia por los tratamientos agresivos para la prolongación de la vida en el caso de los enfermos más religiosos, pero los investigadores pretenden realizar nuevos estudios para buscarlas.

Para ellos, resulta importante conocer toda esta información, porque creen que una mayor comprensión del origen de las decisiones médicas de los enfermos les ayudará a definir los cuidados a aplicar, considerando y comprendiendo la opinión de los pacientes. Todas estas reflexiones aparecen publicadas por extenso en The Journal of the American Medical Association (JAMA).

Historia espiritual

Hace dos años, el Dana-Farber Cancer Institute publicó los resultados de otro estudio que relacionaba la religiosidad y la enfermedad del cáncer.

En aquella ocasión, Prigerson y sus colaboradores analizaron a 230 pacientes de cáncer que ya habían superado su enfermedad, descubriendo que éstos sentían que habían recibido un escaso o directamente nulo apoyo espiritual de las comunidades religiosas y del sistema médico, mientras pasaban por tan duro trance.

Por el contrario, aquellas personas que en la misma situación se habían sentido espiritualmente acompañadas informaron de una mejor calidad de vida que el resto de los encuestados.

Los resultados de esta investigación, que fueron publicados en la revista especializada Journal of Clinical Oncology, apuntarían según los investigadores a la necesidad de hacer una “historia espiritual” (una descripción de la religiosidad del paciente) como parte rutinaria de la atención a los enfermos.

Fue en este primer estudio en el que se descubrió una tendencia a recurrir a métodos agresivos de prolongación de la vida en los pacientes más religiosos. Los autores sugirieron entonces que esta tendencia podría deberse a que “los individuos religiosos creen que su enfermedad está en manos de Dios, y siempre esperan una intervención milagrosa por su parte. Por otro lado, el valor que este tipo de personas da a la vida sobrepasa el daño potencial que pueden ocasionarles los intentos por mantenerla”.


Fuente: Tendencias21.com
Autor: Yaiza Martínez, es una poeta y narradora de España, licenciada en Filología hispánica. Es redactora jefe de la Revista de Ciencia y Humanidades Tendencias21.

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sábado, 6 de octubre de 2007

RELIGION Y SALUD. Dr. Harold G. Koenigel, el investigador que busca sus vínculos.

Cuando el Dr. Harold G. Koenig comenzó a investigar los vínculos entre espiritualidad y salud a mediados de la década de 1980, al igual que otros en ese campo, trabajaba por su cuenta con muy poco apoyo. Recién en los últimos diez años, dice, estudios bien patrocinados han explorado la conexión entre la observancia religiosa y el bienestar físico.

Koenig, cofundador del Centro de Espiritualidad, Teología y Salud del Centro Médico de la Universidad Duke en Dirham, Carolina del Norte, Estados Unidos, es considerado por muchos como el principal investigador sobre el tema del mundo. El mes pasado animó y aconsejó a investigadores similares como el orador principal de la Asociación Australiana de Espiritualidad y Salud, en Adelaida. La conferencia fue mayormente patrocinada por entidades de la iglesia adventista.

Koenig, que es autor prolífico y experto, trabaja como profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento y profesor asociado de medicina en la Duke. Koenig lanza una advertencia: algunas personas, dice, se van a los extremos con los principios de salud; el primer mandamiento que ordena no tener otros dioses incluye también a la salud.

Hace poco, Koenig conversó con Adventist News Network sobre la creciente popularidad de vincular la espiritualidad y la salud, de cómo la ciencia puede medir la espiritualidad, y de por qué le agrada el mensaje adventista de salud. A continuación se publican fragmentos del diálogo:

Adventist News Network: Usted ha debatido con sus críticos en vivo en la televisión nacional. ¿Cuenta usted con partidarios?

Dr. Harold G. Koenig: "Cuando comencé a mediados de los años 80, no muchos me apoyaban, y tenía que defenderme todo el tiempo. Pero las personas que sufren y están enfermas y discapacitadas, ésas me apoyan. Son ellos los que cuentan la diferencia que hace en sus vidas la fe y de cómo están vivos gracias a ésta. Y cuando uno tiene pacientes que afirman eso, es difícil argumentar lo contrario desde un punto de vista intelectual".

ANN: En 2005, la Duke condujo un panel de discusión sobre espiritualidad y salud con los principales decanos de medicina, incluyendo los de las universidades de Harvard, John Hopkins y Stanford. Usted afirmó que esa discusión representó un progreso en el campo. ¿Existen algunos otros factores que indican que la relación entre espiritualidad y salud está ganando popularidad?

Koenig: "El número específico de estudios y artículos que están apareciendo en las publicaciones médicas, de enfermería y de salud pública. El Southern Medical Journal le dedica 25 páginas al tema de la religión, la espiritualidad y la medicina cada tres o cuatro meses. Es algo inaudito. Otras publicaciones están dedicando números enteros al tema. Otros lugares lo están discutiendo; está proviniendo de todo el país, de todo el mundo".

ANN: ¿Hay suficientes estudios que apoyan la conexión entre espiritualidad y salud?

Koenig: "Reconozco que de los muchos estudios (puede haber unos 2.000 en la actualidad), al menos 1.800 no están muy bien hechos. Pero si uno cuenta con 200 buenos estudios, bueno, se sabe que donde hay mucho humo, por lo general hay fuego. Si en otros campos de la medicina se tienen tantos estudios sobre un tema, éste pasa a ser parte normal de la disciplina.

ANN: ¿Puede la ciencia medir la espiritualidad?

Koenig: "Podemos medir las prácticas religiosas. Podemos preguntarle a las personas cuán a menudo van a la iglesia, sinagoga o mezquita, podemos preguntarles cuán a menudo oran, podemos preguntarles cuán a menudo leen sus escrituras sagradas, podemos evaluar su religiosidad intrínseca; es decir, hasta qué punto sus vidas y decisiones se basan en la fe. Podemos medir esas cosas, no de manera perfecta, pero podemos evaluarlas al menos en términos generales. Y por cierto podemos evaluar la salud mental, física y social. Es por eso que hay buenas razones para estudiar estas cosas".

ANN: Dos años atrás usted dijo: "Estamos cerca de probar que la participación religiosa produce mejor salud". Si no ha sido probado, ¿cómo puede decir que se está cerca de probarlo?

Koenig: "Uno nunca puede decir que prueba algo. Cuando uno realiza investigaciones de observación se puede mostrar las conexiones, y que se parece ir en una determinada dirección o predecir otra característica. Ahora bien, en relación con la salud mental, ha habido una serie de cerca de media docena de pruebas clínicas al azar en las cuales las personas religiosas que sufrían de depresión, ansiedad o estaban de duelo, fueron seleccionadas para recibir psicoterapia tradicional o psicoterapia que tomara en cuenta las creencias y la fe religiosas de la persona y que utilizara éstas como parte de la terapia. La mayor parte de estos estudios muestran que el grupo con intervención religiosa como parte de su psicoterapia se mejoraron con mayor rapidez. Eso parecería indicar, dado que fueron pruebas clínicas al azar, que la intervención religiosa fue lo que causó la diferencia entre los grupos".

ANN: ¿Cómo responde a sus críticos?

Koenig: "Hasta hace diez años atrás, no se patrocinaban investigaciones en esta área y los investigadores trabajaban por su cuenta. Y de hecho muchos de esos estudios tenían puntos flojos porque no había recursos. Pero hoy en día se ha dado respuesta a muchas de esas críticas, en términos de tomar los recaudos necesarios para controlar otros factores. No es que en sólo un lugar se está hallando esto, sino en muchos grupos de investigadores. Creo que la crítica a veces ha ido demasiado lejos".

ANN: ¿Por qué los científicos son por lo general menos religiosos que el resto de la población?

Koenig: "Alrededor del siete por ciento de la Academia Nacional de Ciencias de los EE.UU. cree en Dios, comparado con el 96 por ciento de la población norteamericana. La diferencia entre creencia y participación en la ciencia se remonta a la separación de ciencia y religión. Durante muchos siglos, la teología era considerada la reina de las ciencias. Eso cambió con la Revolución Francesa; a partir de allí, la ciencia está a cargo del modo actual de investigar. Entonces la psicología y la sociología, y en muchos sentidos, la medicina, comenzaron a aparecer como contrarias a la religión. 'No somos religiosos, somos científicos; todo lo que no pueda ser observado no existe'. Y ese llegó a ser el modelo de las ciencias. Esa división todavía existe, particularmente debido a los impresionantes beneficios que nos ha dado la ciencia. La religión es vista como subjetiva e imposible de verificar. De manera que no sorprende que los mejores científicos del mundo sean parte de un grupo con una cosmovisión donde no hay lugar para la religión".

ANN: ¿Qué piensa del Estudio Adventista de Salud que en parte está siendo patrocinado por el Instituto Nacional de Salud?

Koenig: "Soy consultor de ese estudio para la sección de espiritualidad. Creo que es muy interesante. Creo que hay pocas muestras de este tamaño tan bien seleccionadas, con tal amplitud de mediciones biológicas. Mi única preocupación es que muchos adventistas son personas de una fe tan sólida, que me temo que no hallen suficientes adventistas no religiosos para completar el estudio. Muchos adventistas participan porque quieren que el estudio dé buenos resultados, y parte de eso es reflejo de su fe. Creo que es un estudio muy interesante debido al tamaño de la muestra y porque tiene una historia de 30 a 40 años".

ANN: ¿Qué cosas le interesan de lo que los adventistas tienen para decir de la salud?

Koenig: "Los adventistas son uno de los pocos grupos religiosos que están diciendo algo de salud. Eso me entusiasma. Los menonitas lo ven también como un factor importante, y hasta cierto punto los católicos. Pero no hay duda de que los adventistas han llegado más lejos que nadie, involucrando a los directivos de la iglesia en su sistema de salud. Estuve junto con Don Jeringan, el Gerente del Sistema de Salud Adventista, y su equipo. Nunca me había sentado con ejecutivos de un sistema de salud de primera línea para hablar de religión y salud. Pude mostrarles investigaciones y hablar de sus aplicaciones clínicas, y los noté muy entusiasmados".

ANN: ¿Por qué eligió dedicar su vida a esto?

Koenig: "Acaso una serie de coincidencias. Fui lo suficientemente afortunado de haber tenido que pasar por suficientes traumas en mi vida como para reconocerlos en la vida de los demás. Lo mío no es nada en comparación con lo que muchos tienen que sufrir. Tal vez sólo tengo una voz más fuerte, o acaso me encuentro en un lugar donde puedo hablar por los otros que han pasado por más cosas pero que no tienen voz"

Fuente:
Adventist News Network

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